NO ES LO MISMO CREER EN DIOS QUE CREERLE A DIOS

EL ESPACIO DEL SER

NO ES LO MISMO CREER EN DIOS QUE CREERLE A DIOS

 

Siempre he creído en la existencia de Dios.

Desde muy pequeña me enseñaron que está en las alturas y desde allá me vigilaba; que hay muchas cosas que yo no debiera hacer porque entonces sería castigada por Él. Me enseñaron que para el día de mi muerte tendría que ganar el cielo o temer el infierno. Me enseñaron a acudir a una iglesia para pedirle ayuda, para implorar su perdón, o para darle gracias. Me enseñaron a rezar, muchas plegarias, que debía saber de memoria y repetir a veces sin sentido.

Y sí, yo creía en lo que sabía de Dios, pues era mi religión.
Aunque sinceramente, yo lo veía como inalcanzable, lo sentía tan lejano a mí, que de alguna forma lo seguía buscando…

Un día lo busqué con toda mi alma… y fue entonces cuando encontré que lo tengo siempre dentro de mí, que ¡Él vive en mí!; y descubrí que con mis acciones yo misma me ayudo o me perjudico, que soy la única responsable de mis consecuencias; y que además todo lo que haga a otros me lo hago a mí misma, porque Todos Somos Uno. Aprendí que el cielo y el infierno no son un lugar al que se va cuando el cuerpo muere, sino que lo construimos nosotros mismos y lo experimentamos en esta misma vida.

Aprendí que para acercarme a Él no necesariamente tengo que ir a un templo, pues Él habita en mí y puedo recurrir a su ayuda en todo momento; que la mejor manera de pedir perdón por mis fallas es corregirlas; y bueno, es que si el darle gracias por algo requiriera que vaya a la iglesia, ¡yo tendría que mudarme a vivir ahí! Porque no ceso de agradecerle todo cuanto vivo, y lo hago en cualquier momento con profunda emoción desde el corazón, porque reconozco en todo, la obra de sus manos.

Así que sabiendo que no es un Dios externo, sino que vive en mí, aprendí a estar constantemente en contacto con Él, a crear una íntima comunión con Él, a tener una verdadera RELACIÓN con Él; así aprendí a orar, hablándole desde mi corazón, con toda naturalidad, con plena confianza, pues Él no sólo es Dios sino que es Mi PADRE… Y al conocerlo como realmente es, pude saber que ÉL ES PURO AMOR, porque eso, AMOR es todo lo que siento desde que lo descubrí en mi interior.

Y aprendí que no, ¡no es lo mismo creer en Dios, que creerle a Dios!

Fá Ibarrarán

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