ÁMATE

EL ESPACIO DEL SER

ÁMATE

Si en este momento te pidieran que hicieras un listado de todo lo que tú amas, seguramente, tus hijos, tu pareja, tus padres, hermanos, algunos amigos, tus mascotas, dormir o incluso el café aparezcan en los primerísimos lugares; probablemente la música, algún pasatiempo, tu comida o ropa favorita sean anotados también; qué tal un lugar, un olor en particular o ciertas cosas que has comprado… Y mi pregunta ahora es: ¿cuánto tiempo tardarías en nombrarte a ti mismo?

¿O es que tal vez tú ni siquiera estés incluido en esa lista?

En caso de que gratamente estés apuntado en la tuya, entonces estarás de acuerdo conmigo en que la vida se embellece cuando la vives desde el amor propio.

Y si eres de los que no se anotaron en su lista, te sugiero que no solo te incluyas, sino que te brinques al primer lugar. Estamos hablando de amarte a ti mismo, sí. Sé que a la mayoría no nos enseñaron cómo es que se hace eso; y peor, si a ti te dijeron que deberías poner primero a los demás antes que a ti. Pero no te preocupes! Amarte no significa para nada ser egoísta; de hecho, el egoísmo y el amor propio no tienen absolutamente nada en común, más bien son opuestos. El egoísta pide, extrae, sólo quiere para sí mismo; en cambio, el que ama busca dar, aportar, compartir, extender. ¿Notas la diferencia?

Es claro que para poder brindar cualquier cosa, debes tenerla tú primero. Si alguien llega a tu tienda y te pide un helado, pero tú solo vendes pasteles, no puedes darle lo que busca, simplemente porque no lo tienes. Siendo así, si en verdad quieres dar amor a los demás o ponerle amor a lo que haces, es indispensable que primero lo tengas dentro (y lo tienes, pues estás hecho de eso!); quiero decir que lo sientas desde tu propio ser, porque cuando lo vives en ti mismo, es natural e incluso inevitable que lo quieras compartir.

Como lo dijo el gran poeta Rumi: “Tu tarea no es buscar el amor, sino buscar y encontrar dentro de ti todas las barreras que has construido contra él”.

Recuerdas cómo te sentías al ser niñ@, cuando no necesitabas la aprobación de los demás para ser tú mism@? Cuando expresabas lo que te gustaba o lo que no, cuando pedías lo que deseabas o no aceptabas lo que no te hacía feliz. Fuiste creciendo y aprendiendo a obedecer reglas, adoptando creencias, comprando tantas ideas ajenas que con el paso del tiempo te fuiste alejando de ti, y dejaste de escuchar lo que te dicta tu corazón; ahora te das cuenta que quizá en tu intento de encajar, de seguir a las mayorías o de buscar complacer a unos cuantos, tu esencia se opacó. Te diré algo: ahora estás a cargo, estás a tiempo de recuperarte, de regresar a ese amor que tan solo olvidaste. No quiero decir con esto que te reveles contra todos y te impongas porque sí, pero como primer paso es válido cuestionar y/o analizar las creencias que te fueron impuestas o que adquiriste de manera inconsciente; te sugiero revisar cuidadosamente cuáles son las que te han favorecido, cuáles te han obstaculizado y cuáles han dañado el amor puro que tú tienes dentro; y entonces, conscientemente seleccionar aquellas que realmente te favorecen para vivir desde el amor propio la vida plena que tú mereces.

Y ahora… ¡¿cómo te sienta ocupar el primer lugar de tu lista?!

Te deseo un feliz regreso a ti mismo, y al amor que tú eres. #Ámate
Coach Fátima Ibarrarán R.

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